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viernes, 22 de abril de 2016

Temores avisados



Desde niña mi abuelita me leía cuentos. Tanto es así que ya los sabía de memoria y hacía como que los leía, cuando ni siquiera sabía las vocales y colocaba los libros al revés.
Esa constancia fue creando en mí hábitos de lectura. Leer me gusta mucho, incluso, más de lo que lo hago. Mi librero supera los 200 libros y siempre me parecen pocos los que tengo.
Ir a la feria del libro era una buena oportunidad para nuevas adquisiciones, en su mayoría muy actualizadas. Sin embargo, he hecho cierta resistencia a caminar por los stands de la XXV Feria del libro en Santiago de Cuba.
Ayer cuando terminé de trabajar me “di un saltico” hasta el Teatro Heredia y salí, no diría que decepcionada, pero sí muy preocupada.
Los exuberantes precios de algunos libros aíslan a los lectores de tan solo preguntar cuánto cuestan.
Los jóvenes y niños prácticamente no leen. Y si a eso se le suma los precios exorbitantes, pues qué pasará entonces. Temo que los precios de los libros atenten, aún más, con el ya olvidado hábito de lectura.
También me preocupan el diseño y las imágenes de los libros infantiles que se están comercializando actualmente.
Son imágenes abstractas que el niño no puede definir con claridad, pues lo mismo parece un perro que un ternero.
Los niños necesitan de libros con imágenes que los ayuden a conocer el mundo exterior y a identificar lo real desde una impresión en papel.

jueves, 10 de marzo de 2016

Videojuegos y juegos electrónicos: ¿eliminarlos o dosificarlos?



Ernestico, un pequeño de ocho años, no sabe qué es la tacha, tampoco ha jugado trompo nunca, pero que a nadie se le ocurra competir con él en destrezas en juegos electrónicos, pues muy pocos serían sus rivales.
Él dedica muchas horas frente a la computadora o con sus videojuegos en el televisor. Así sucede con otros niños de su edad que se ensimisman en un mundo digital y no necesariamente para entretenerse en juegos didácticos.
Padres y demás adultos se sienten tranquilos cuando los pequeños están embelesados con sus videojuegos y no saben a veces el daño que les hacen al permitirles estar tanto tiempo en dicha actividad. Por ejemplo, se comienza a presentar problemas de socialización.
Miriam Musle Lavalle, Máster en Psicología de la Salud Infanto-Juvenil y especialista en Psicología en el Hospital Infantil Sur Antonio María Béguez  César, explica que hay quienes se han convertido en adictos. “Generalmente pierden la noción del tiempo y de los horarios. Incluso, los hay que comienzan a presentar dificultades desde el punto de vista intelectual y del aprendizaje”.
“No podemos negar que existen juegos didácticos digitales que son maravillosos porque contribuyen a aprender y ejercitar la mente. Tampoco se trata de eliminar completamente los juegos electrónicos, sino de dosificarlos y que el niño no los asuma como una sola y única actividad.”
Según comentó la especialista no son pocos los que llegan a las consultas con problemas de violencia, lo cual se debe precisamente a que los juegos electrónicos preferidos son los de combate y los de carreras de carros que generan una alta dosis de adrenalina.
Entonces pues, evitemos caer en tentaciones de la post-modernidad; logremos el balance y el justo medio entre los juegos tradicionales y los videojuegos para desarrollar el intelecto y no frustrar las habilidades necesarias en el proceso de enseñanza y aprendizaje del niño y su desarrollo psico-social y mental.

jueves, 3 de marzo de 2016

Juegos tradicionales: ¿”cosas” del pasado?




Mi niñez y adolescencia fue hace unos 15 años. Con añoranza recuerdo las horas que dedicábamos a jugar a los escondidos, a las cuatro esquinas, a la tacha y aquellas mañanas completas lanzando platillos y corriendo bajo el sol al coge bases.
En las tardes, al regresar de la escuela, era la furia del pañuelo. Las hembras nos incorporábamos a bailar trompos, bolas y hasta montar carriolas y carretillas, pues lo importante era jugar.
Así fue mi niñez; con juegos tradicionales crecimos. Teníamos un CDR infantil que no necesitaba convocatorias para los habituales “Plan de la calle”. Siempre estábamos listos para jugar y también para armar una escuelita o un hospital de “mentiritas” en el que cualquiera de nosotros era el maestro, el médico o la enfermera.
Ahora nuestra interrogante: ¿Dónde han quedado los juegos tradicionales? ¿Dónde está la transmisión que de generación en generación se hereda cual cofre para el entretenimiento? ¿Por qué estos tipos de juegos ya no son atractivos a niños y adolescentes? ¿Por qué es tan extraño ver a los infantes rodando una carriola o montados en una chivichana? ¿Por qué los papalotes son prácticamente objetos en extinción? ¿Dónde ha quedado esa niñez en la que el grupo era el horcón para el pasatiempo?
Los juegos tradicionales han quedado un tanto en el olvido, aunque muchos, como los de mi generación y otras, los recordemos con nostalgia.
Miriam Musle Lavalle, Máster en Psicología de la Salud Infanto-Juvenil y especialista en Psicología en el Hospital Infantil Sur Antonio María Béguez  César, explica que el niño desde que nace juega.
“Estos asumen modalidades diferentes en la medida en que los pequeños van creciendo, o sea, cambia el tipo de juego.
“Los juegos tradicionales traen como resultado un normal desarrollo desde el punto de vista psico-social y mental de los infantes, los juegos tienen una vital importancia en el desarrollo de niños y adolescentes.
No solo los ejercita físicamente, sino que los ayuda a modular tanto su mente como su cuerpo y les permite una comunicación y una socialización con el mundo que los rodea.”
Es una preocupación y un llamamiento a pensar en qué está sucediendo. ¿Será que los juegos electrónicos han reemplazado a los juegos tradicionales? ¿Hasta qué punto las nuevas tecnologías van en detrimento del desarrollo intelectual y social del niño?

viernes, 12 de febrero de 2016

Amores virtuales: ¿De lo imaginario a lo real?



Desde el otro lado del ordenador un corazón agitado esperaba la aparición de un nuevo mensaje. El chat y los correos electrónicos se habían convertido en sitio de citas.
Es imposible describir la ansiedad con la que uno y otro esperaban el texto de su interlocutor, cuando ni siquiera se conocían personalmente.
Cada día se sumaban más interrogantes, aumentaban las añoranzas por conocerse. Ambos se preguntaban si el otro era tal cual se describía. ¿Qué pasaría en el primer encuentro físico? ¿La química sería la misma más allá de esos intercambios?
Así sucede en los tiempos modernos en los que las tecnologías y las redes sociales crean conexiones a distancias. En tanto, nos preguntamos:
¿Es posible un amor virtual? ¿Existe o no? ¿Mediante las redes sociales se puede conquistar una relación? ¿Podría un amor digital trascender la ventana de un chat? ¿Es posible enamorarse sin conocerse personalmente? ¿Será una tendencia de las nuevas tecnologías conquistarse desde lejos?
Los criterios respecto a este tema van en una dirección y otra. Algunos consideran que esos amores se apagan y no duran. Entre el escepticismo y la confianza andan uno y otro punto de vista.
En fin, conocerse a ciegas puede constituir un riesgo a una decepción prematura, pues la persona real tal vez equidiste del patrón idealizado desde el otro lado de la pantalla, pero también puede ser una oportunidad para iniciar una relación duradera.
No importa cómo se conozca una pareja, ni siquiera si se trata de una relación virtual o de una pasión de internautas; lo realmente trascendental es la intensidad con que se viva, el respeto que se procuren y que siempre, siempre se alcen las copas en un brindis por el amor, incluso, más allá de un encuentro casual o de la incógnita de una ventana de chat.

jueves, 1 de octubre de 2015

Ancianidad: el secreto de la juventud acumulada



La longevidad es una gran fortuna, pues llegar a la tercera edad es una dicha de la que no todos gozamos.
A veces adolecemos del don de la comprensión para con estos seres que por condiciones propias de la edad suelen ser olvidadizos o se pierden en el tiempo.
En ocasiones no comprendemos que ellos también necesitan amor y sentirse parte de la familia. Hay que darles actividad y escuchar sus criterios, que formen parte del diálogo y se les tenga en cuenta antes de decidir.
Actualmente casi 700 millones de personas superan los 60 años y se estima que para 2050 serán 2 mil millones, lo cual significaría más del 20% de la población mundial.
Cuba es uno de los países latinoamericanos más envejecidos, lo cual constituye una preocupación para el futuro.
Cada 1 de octubre se celebra el Día Internacional del Anciano, instituido por la Organización de las Naciones Unidas en memoria de Ema Godoy Lobato, escritora mexicana que dedicó su vida al trabajo a favor de ese segmento poblacional.
Hoy se multiplican las acciones de buena voluntad para quienes en algún momento nos cambiaron el pañal o nos llevaron a la escuela; para esos cuyas arrugas y canas les indican que han pasado los años, pero aún así, siguen siendo muy importantes.
Querer a los ancianos, darles amor y comprenderlos es una gentileza con los que en su juventud acumulada atesoran innumerables experiencias y la oportunidad de haber llegado tan lejos en el tiempo.